mardi 5 juin 2018

Circularidad de los días y los sueños

...y los sueños de la noche 
se escapan
hacia el día
escondidos en la bruma
que se levanta del río...
Volverán
al caer la tarde,
indescifrables
en la luz ya mortecina,
pero reconocibles
en el rumor de su andar
en el perfume del bosque
en la dulzura de su silencio.
 
 
Y otra vez nos acunan,
nos mecen como en lejana infancia,
el tiempo de una noche.

Oh noche amiga
que aventás 
los terroresde la oscuridad. 
 
Me permites soñar...
y los sueños...

                                                                              elprofe, Villejuif 5 junio  2018
 
 
 
 
 
 
 

lundi 4 juin 2018

De la serie Amores imposibles: Extraña soledad    


"Ayer pensé mucho en usted", escribió.
Qué responder...? Que desde que la conozco,
cada minuto de cada hora de cada día
no dejé de pensar en ella..?
De qué serviría..?

Extraña soledad la de tanta presencia, que no da un instante de respiro...
Su imagen, infinita de gestos no me deja solo...
Su recuerdo. 
Su voz o sonrisa, las palabras dichas de voz o escritura,
 momentos iluminados de gracia,  
su contorno de niña mujer, de mujer fuerte o apenada, 
inalcanzable mismo tomada de mi brazo,
nunca tan mujer ser humano como cuando mira a los ojos...
Es así todo el tiempo, cuando amanece o las noches, oscuridades, 
o cerrando los ojos para olvidar o borrar, pero es peor...
O su silencio, en medio de los insomnios, o andar por
amadas calles que me conocen...
Y hablar, comprar mi pan, beber mi vino, leer el diario, opinar... 
Como si importara o valiera la pena...
Pensar en la nieve que quizás caiga, cuando vuelva, 
inventar gestos cotidianos 
para distraerme de su imagen...
Digo, 
me digo, 
le digo cosas, 
frases cortas o palabras bellas... 
No responde nunca, pero escucha con atención, 
a mi lado, cuando mi cabeza decide que marchamos juntos, 
lentamente, hacia ninguna parte,
su apenas sonrisa cuando respira hondo y me mira, 
como si me nombrara...en silencio...
Se queda, 
mi sombra... 
Mi soledad... 

elprofe, café El Atilano, Freire e Iberá

lundi 28 mai 2018


Huellas.
Encontradas
entre las páginas de un libro
dejado a medio leer.
Una frase -"quiero tener 
todas las palabras"-y flores dibujadas. 
Guijarros? también...
Tengo todos los silencios,
en medio
del estruendo
del mundo.

vendredi 6 avril 2018

Volver


Volver

(Y de pronto fue el silencio,
como despertarse
en medio de la noche.
Sin el murmullo
de la noche...)

Durante un tiempo
continuó viviendo
acompañado,
rodeado de las voces,
las risas,
algún sollozo
percibido sin querer,
músicas varias
que trajo en él.

Se le veía una velada sonrisa
en todo el rostro,
sutil,
discreta.
También un cierto
fulgor -no común-
en sus ojos

Y de pronto fue el silencio,
como despertarse
en medio de la noche.

El silencio lo empujó,
sin brusquedad,
firmemente.
Quiso gritar pero
el silencio con un gesto
dijo no.

Salió al jardín, estaba
el viento en los árboles,
estaban
los pájaros, la risa de unos niños,
el ladrido desganado de un perro.
Aguzó bien el oído,
pero no, no oyó
la voz entre las voces,
la risa entre las risas,
el sollozo quedo,
contenido en la penumbra.

Se sentó sobre la hierba,
la espalda contra la higuera.
El celaje era presagio.
Lo envolvió la sombra.
Esperó -esperó?-
toda la noche,
alguna de las músicas varias...
Desolación

vendredi 19 janvier 2018

Hábitat


Espacio en el que viví muy poco tiempo pero de una rara intensidad. Casi como un beduino, con lo imprescindible -agua, abrigo o frescor, según las estaciones, un poco de comida y silencio, ese silencio que permite escuchar los mil y un murmullos de la naturaleza, el silencio interior, en el que se explayan las voces que vienen con nosotros, siempre dulces hasta en la recriminación, porque tienen razón.
Espacio como una carpa, llena de objetos, pero pocos porque el espacio es mínimo y el todo hace un universo, y los objetos como amontonados pero con un orden riguroso, que conversan entre ellos, objetos -ninguno era mío- cargados de tiempo testigos de todo. Y la hora de la siesta, el mejor momento, dos rayos de luz que retratan las cosas y sus sombras mínimas en los muros, blanqueados a la cal y escondiendo todo sortilegio imaginable en el dibujo de sus manchas de humedad. Todo ese espectáculo de movimiento, luz y silencio duraba no más de 8 o 10 minutos hasta que quedaba una luz tibia, pacífica, melancólica y sensual. Entonces vibraba el aire de la tarde y era un lejano relincho, el viento en los árboles, los pájaros, algún gallito.
Los recuerdos...
Las voces amadas...


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mercredi 17 janvier 2018

Cesare Pavese


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos 
-esta muerte que nos acompaña 
de la mañana a la noche, insomne, 
sorda, como un viejo remordimiento 
o un vicio absurdo -

Tus ojos serán una vana palabra, 
un grito acallado, un silencio. 
Así los ves cada mañana 
cuando sola sobre ti misma 
te inclinas en el espejo. 

 Oh amada esperanza, 
también ese día sabremos nosotros 
que eres la vida y eres la nada. 
Para todos tiene la muerte una mirada. 

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. 
Será como abandonar un vicio, 
como contemplar en el espejo 
el resurgir de un rostro muerto, 
como escuchar unos labios cerrados. 

Mudos, descenderemos al abismo.

\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi
-questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio imorso
o un vizio assurdo-. 

I tuoi occhi saranno una vana parola, 
un grido taciuto, un silenzio.
Così li vedi ogni mattina 
quando su te sola ti 
pieghi nello specchio. 

O cara speranza, 
quel giorno sapremo anche noi 
che sei la vita e sei il nulla.
Per tutti la morte ha uno sguardo.

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.

Scenderemo nel gorgo, muti.





lundi 15 janvier 2018

Oliverio Girondo

 
Lo que esperamos

Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.
 


jeudi 9 novembre 2017

vendredi 27 octobre 2017

Lied

Qué sola quedaste
rodeada de voces,
qué sola de vos...

Qué sola
de cantos y juegos de niños,
de tiempos soleados y tibios
Qué sola
de tardes de melancolía,
despierta de noche
soñando de día

Qué sola
del campo y la lluvia de otoño
Qué sola
de pastos quemados de frío
Anchura de cielos barridos
de vientos de arena y olvido

Qué sola quedaste
rodeada de voces
Qué sola
de vos...


lundi 26 juin 2017

travesía del invierno

           las brumas frías
                  del día nacido

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                 sombras de  la noche
                                            la bruma
                                                      el frío

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                                                        ramaje helado
                                                                        florecerás
                                                                                   en el estío
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samedi 27 mai 2017

Bitácora de sentimientos 5

Primer amor

Por el cabello. Es verdad. Al verte en la foto recordé haberte visto
con el cabello más largo. Te prefiero como lo tienes ahora,
corto y un poco alborotado.
( De una conversación banal, entre buenos amigos)


   Siempre aprecié el cabello corto en las mujeres, no la melenita convenida, prolija, sino la cabeza más bien desafiante y agresiva. Seguramente, secuela de un amor adolescente, de estudiante.

    Era delgada, alta, sus hombros estrechos, su pelo castaño claro muy corto, peinado hacia un costado con un poco de gel -entonces gomina-, de labios finos y rosados en un rostro anguloso y sus cejas un poco rojizas. Tenía el aspecto levemente ambiguo de un adolescente andrógino. Venía desde Jonte y Artigas( supe después) en el colectivo 163, el mismo al que subía yo, pero en Nazca y Avellaneda, todos los días a la misma hora de la mañana. Íbamos hasta Rivadavia y Lacarra, en el vecino barrio de Floresta, yo rumbo al colegio industrial donde cursaba mi segundo año y ella a la escuela profesional que estaba detrás de mi colegio.

    Recuerdo las primeras miradas furtivas, los primeros saludos con un pequeño movimiento de cabeza, y en los días siguientes los "hola", "buen día", y las cuatro cuadras caminadas juntos hasta Alberdi en donde nos separábamos, adolescentes tímidos y silenciosos, cada uno rumbo a su escuela. Primero fue un "chau". Un día fue "chau" y apretar su brazo subrepticiamente -en ese tiempo los adolescentes no se besaban al encontrarse o al despedirse, y menos en la calle- y otro día, con el "chau", fueron las manos las que se encontraron...

    Y el fin de semana, eterno de ausencia, de angustia hasta que llegaba el lunes. Corría hacia la parada del colectivo, con el corazón que se me escapaba del cuerpo hasta que llegaba el vehículo, lo abordaba, sacaba el boleto y me volvía hacia el interior. Y allí estaba, parada, con su delantal blanco, almidonado, su cartera escolar, su cabello corto y en su rostro la línea de sus labios finos sonreían apenas. Pero sus ojos eran como una tempestad de alegría pudorosa y contenida.

    Livia era su nombre, sus padres eran inmigrantes venidos del Ticino, un cantón de la Suiza italiana. Recuerdo aún hoy sus pequeñas manos frágiles, rojas de frío y sus mejillas un poco paspadas, en el invierno de 1956. Cuantas cosas primeras expresamos y nos dijimos, sin palabras, tomándonos fugazmente las manos, frías las de ella, húmedas las mías, para completar el "chau" mutuo con la voz  íntima y trémula de emoción.

    Y un día, fines de noviembre fue su mano en mi mejilla y sus ojos de reflejos ámbar en los míos. Creo que ese día aprendí, para siempre, la ternura y la gratitud. Pero de eso me di cuenta mucho tiempo después.

elprofe, café El Atilano, de Freire e Iberá                                                 












mercredi 3 mai 2017

Viaje de otoño

Viaje de otoño



Villejuif , otoño 2016    
Ahora que había llegado seguramente se relajaría. Pero comenzaría el dolor. Sensación..? Difuso, constante, en ningún lugar preciso del cuerpo sino en su alrededor, como si doliera el aire de su contorno. Lo combatiría con el trabajo físico, que se siente en los músculos, las manos brazos cintura muslos. Aliviaría de lo otro,  que  lo atristaba.

Despeja el camino que atraviesa el jardín, llena cuatro grandes bolsas con hojas caídas, de bellos colores.  Decide dejar las que cubren la hierba unos días más y comienza a podar la higuera desnuda, desmesurada.

Amaba esa época del año. El frío comenzaba a ser intenso, caía temprano el sol de fin de otoño -ya no subía mucho-  y  pegaba  en los ojos, molesto. Y si no, era la lluvia y los grises, o el viento del este y la nieve y con ésta el silencio. Y la blancura del jardín por las mañanas y las huellas de gatos,  pájaros y otros transeúntes de la noche y el  amanecer, el olor de la leña y el humo de la chimenea contra el cielo. Ahora, sin la mirada honda de ella, nada era igual ni asombroso en ese suburbio europeo. Como que la belleza, lo que late en las cosas no existiera. Se dio cuenta de eso antes de regresar...

Buenos Aires, un domingo bello, fresco y soleado de primavera. Salió muy temprano al silencio matinal, huyendo de una noche de mal dormir,  para entrar a lo que consideraba el peor día de la semana. Sin decidirlo especialmente se encontró andando en la ciudad, atravesando los barrios de la infancia  -Floresta, San José de Flores-  en los que algunas de sus calles se conservaban agradablemente intactas.

Caminó un buen rato, cuestión de ordenar sus ideas. Tomó por la calle Avellaneda , desde Nazca hasta Acoyte,  dobló por ésta y marchó hacia Rivadavia. Cuando llegó, dobló a la izquierda decidido a visitar el Parque, distante 200 m. Entró. Los ajedrecistas ya estaban jugando, se detuvo a observar las distintas partidas en silencio. Luego los viejos discos y libros en sus escaparates y mesas,  llenas de todo lo que se puede imaginar; los libreros amables u oscos, siempre buenos informantes, un par de parrillas que comenzaban a humear... Se quedó un buen momento en eso, sin noción del tiempo, como perdido y disimulando su situación ante él mismo, ya que nadie lo observaba; marchó con parsimonia entre las flores, los árboles diversos ferozmente frondosos, los niños que correteaban alegremente bajo el sol y sus padres que los vigilaban.

Llegó a una de las salidas sobre Rivadavia, reconoció le pequeña calle, Florencio Balcarce, y en la ochava  norte el  bar "El coleccionista"; cruzó la avenida descuidado, sólo oyó el insulto de un ciclista que lo evitó, sintió que no tenía la menor importancia. Llegó al bar, se acercó a una de las ventanas, miró dentro como buscando... 
Se sintió angustiado. Y un idiota. Mientras giraba y retornaba por Rivadavia lentamente pero con paso seguro hacia el oeste, pensaba por qué toda esa banalidad?  Pensó que el aspecto de las cosas siempre es el mismo.  La carga  emotiva o estética, o su falta, depende de la mirada. La mirada solitaria, la mirada de los otros, la mirada compartida con alguien, para bien o para mal. Por eso nunca se perciben de igual manera las cosas que conocimos otra vez. Todo lo determina la mirada diversa...

Descendió de la higuera, guardó la escalera, las herramientas, los guantes, puso a calentar agua en el  mechero a gas que tenía en el pequeño atelier, y preparó el mate. Pensaba cómo hacer para convivir con esa obsesión dulce, instalada en él. En su cabeza? Y sí, no era en el corazón, como siempre se relató y se dio como ejemplo de tragedia, drama o comedia. Era en el pensamiento, siempre allí, durante el día, durante la noche. Le hablaba, discutía con ella. Si leía, o escribía, o hacía su oficio, siempre estaba. Era como tener dos o más percepciones simultáneas,  paralelas, perfectamente separadas . Una percepción del  afuera de sí, que captaba con sus sentidos todo lo que pasaba en su exterior, para ser inmediatamente analizado, y poner en movimiento todo el aparato sensorial, provocar las reacciones correspondientes: miedo, alegría , perplejidad, odio, asombro, curiosidad, aburrimiento, ansiedad, etc.  Y la otra percepción, la de no estar solo, sino con ella instalada dentro de él, en su cabeza, testigo ella, observadora de toda su percepción y las reacciones que producía en él, callada, absolutamente activa en su observar, atenta, pero sin un gesto, sin opinión, sin reacción....Como constatando..? Estaba allí, porque él la llevaba, estaba con él porque era su deseo, porque no quería olvidar. Convivía con esa "obsesión dulce" porque lo deseaba intensamente, sin drama,  sin grandes gestos, sin sufrimiento ni alegría, pero firmemente, porque  de otra manera no podía ir más allá, era como que le faltaba un costado. Porque no estaba....

No concebía que la cuestión amorosa fuera ni una batalla, ni una conquista, sino algo mucho más raro, intenso, inevitable, profundo e improbable: un encuentro. Si no, es solamente atracción, pasión, necesidad, cuestiones estas que pueden estar contenidas en un encuentro. Pero que no lo son.
Pensaba que cuando alguien está en su situación es porque no abandona, no puede abandonar,  porque es traicionar la capacidad de tener sentimientos muy anclados. Y ese sentimiento que porta en él, que no es común, que se desploma sobre uno en muy contadas y excepcionales ocasiones durante una vida, no se deja traicionar. Solo una palabra  que manifieste dulcemente o con hastío e indiferencia, con enojo, o hasta con sorna pero claramente, puede decidir a "abandonar la partida". Nunca el silencio.
Nunca.

La tarde había declinado, solo un resplandor al oeste, la noche y el frío se posaban sobre las cosas.
Cerró el atelier.
Entró en la noche.

elprofe, bar Atilano, Freire e Iberá






    

jeudi 20 avril 2017



-“mais comme...? 
   vous partez madame..?
   vous me laissez tout seul”..?

-“je vous laisse un chagrin d'amour”, monsieur..!






vendredi 24 mars 2017

Elogio de las islas


Cansado ya
de amores superficiales
-platónicos u otros-
desamores,
sospechosas transacciones,
olvidos
y otros vericuetos
del alma humana,
ancló en íntima,
necesariamente solitaria
isla.
Viaja en ella,
con ella,
en cualquier momento del día
o de la noche.
Le habla y
ella responde,
estudia sus silencios
sin impedir
los ruidos de la furia que lo rodea.
Es su vocación primera
recibir al náufrago,
contenerlo, abrigarlo,
darle de beber,
asegurarle su espacio,
obligarlo a que la habite
y de ese modo comience a oirse
a entender que
isla no es prisión
si no límite
que fortalece el alma,
isla es espejo sin imagen
en el momento de mirar hacia adentro.
De lo que vea dependerá
si quiere huir una vez más,
inconstante una vez más,
hacia el próximo naufragio.
O comprender que está
simplemente despojado,            
ya,
de mezquindades,
miedos,
opresiones,
maldades,
tristezas,
y abierto
ya,
a la caricia de la brisa
o el frío de la madrugada
y al sol implacable de bondad.
Reparar y, sobre todo
renacer, ser parte
todos los días, de lo que haya qué.
 elprofe, Café El Atilano, de Freire y Quesada   

Navegando
en miserables sentinas
o aferrado a restos de sus naufragios,
esperando un latido,
un resplandor
escondido en la niebla
encalló al fin contra una isla,
airoso y triste,
"sin esperanza y sin miedo"
como enseña el cruel blindaje del dolor.
Islas,
amadas islas
en medio de nada
que acogen sin preguntar
ofrendan sin nada pedir
en el justo instante.
Dan de beber,
abrigan de paz,
silencios y rumores
venidos del tiempo.
Besar
su cuerpo
con gratitud.

elprofe, Café El Atilano, de Freire y Quesada









jeudi 26 janvier 2017




Ciudad muerta
Albert Samain

Imprecisa, perdida en el fondo de las arenas monótonas
,
La ciudad de otros tiempos, sin torres ni fortificaciones
Duerme el sueño último de viejas Babilonias,
Bajo el sudario blanco de sus mármoles dispersos.

Antaño reinaba; sobre sus murallas fuertes
La Victoria extendía sus dos alas de hierro,
Todos los pueblos de Asia asediaban sus cien puertas;
Y sus grandes escaleras descendían hacia el mar...

Vacía ahora, y para siempre silenciosa,
Piedra a piedra, se muere, bajo la luna piadosa,
Al lado de su viejo río, cansado como ella,

Y solo, un elefante de bronce, entre esos desastres,
Derecho todavía en lo alto de un pórtico quebrantado,
Levanta tragicamente su trompa hacia los astros.      
                                                                   
                                                             traducción del profe

                                                

Images intégrées 1

mardi 3 janvier 2017

Janvier




 
las brumas frías
del día nacido

sombras de la noche
la bruma
el frío


ramaje helado
florecerás
en el estío

mercredi 21 décembre 2016

fatalitas



Volver.
Es decir arrancarse
del perfume del jazmín,
del jacarandá,  
del azul de sus flores
que tapizan las veredas,
cuando cae la tarde.
Del arrullo de la torcaza
en los tranquilos barrios,
del zorzal que canta,
del jilguero,
en la bruma del amanecer. 
Del aire, de la luz,
de los sordos rumores
de un país...
De ella ,
de su mirada honda...
Volver...
Lacerado...

vendredi 11 novembre 2016

Humanitas - Sobre lo inevitable de los sentimientos

Hoy nos veremos? escribió ella...
Cuando él llegó, horas después,
leyó con asombro y emoción el mensaje.
Respondió en el acto:
recién llego y leo...
nos vimos...tuve esa suerte...

Luego se quedó pensando, rememorando rostros, frases, risas, músicas, restitos de conversaciones, las otras voces, palabras sueltas, su propia voz callada o como de otro, ese silencio absoluto dentro de sí nacido en el momento en que ella entró, aparición que lo instaló, luego del abrazo intenso y brevísimo, como en una campana de vidrio o en un espacio paralelo...
Desde allí la observó, deslumbrante para sus ojos, porque la veía desde su espacio de inevitable soledad y desde ahí se ve lo que importa, lo posible de un ser.
Su alma?...Probable. Poético, aunque demasiado abstracto...
Mejor -aunque más complejo- su Porqué, su Para qué, el Lugar de Todo, como el Universo y los Objetos que lo pueblan, con sus gravitaciones, sus enigmas, sus tragedias, sus complejidades, sus grandezas, generosidades, bondades, cataclismos, sus crueldades.
Lo incomprensible. Lo inconcebible. Sus misterios. Su memoria, sus fracasos, sus
destrucciones-construcciones.

Esa primordialidad fue lo primero que detectó leyéndola, cuando comenzaron a escribirse. Al principio fue un alerta, como una niebla que se levanta de la nada, como anunciación lejana pero sustancial. Fue sensible a esos avisos aunque no eran frecuentes. Y les daba importancia. Con el tiempo se encontraron y comprendió, una vez más, que la distancia no es cuestión de kilómetros...Pasaron días, meses, años. Compartieron diversas situaciones. Creyó compartir otras, aunque ahora sabe que no. Y está bien así, "y que no es triste porque es verdad", aunque le duela. Se lo guarda en esa dimensión íntima pero no cerrada, que está al alcance de todos los seres, pero solo conocida -aceptada?-, por quienes tienen la valentía o la irresponsabilidad de querer acercarse y compartir los límites extremos de los sentimientos.

Para llegar a ese momento debió pasar primero por, e instalarse después, en el desasosiego. Primero fueron las noches, pero eso le era fácil, estaba acostumbrado. Siempre fue un solitario aunque pocos lo notaban, ya que nunca le asestó su soledad a nadie. Después terminó dándose cuenta - y aceptándolo de frente- que, una vez más, ese sentimiento que se suele nombrar amor lo atacaba.Sabía, como muchos, que eso terminaría mal. Sabía, como pocos, que nadie quería pensar en eso, y sin embargo valía la pena transitar ese camino.

Lo que no sabía era  cómo nombrar ese sentir. Tenía un cierto desprecio -y en ciertas situaciones un desprecio cierto- por esa palabra, amor, y las varias derivadas, enamorarse, amar, amante, amada/amado....Son palabras con memoria, pensaba, siempre rodeadas, acechadas por intereses sórdidos, por la inconstancia, por las mentiras, por las conveniencias, por los cálculos espurios, palabras que nombran, justifican y operan el prestigio, el poder, suciedades mezquinas, inhumanas sumisiones, conquistas y otras despreciables cualidades, los celos -una de las peores- justificadas por la palabra amor y sus derivadas, indignas de esas honduras que le acaecían cuando veía lo que veía en ella...Para él lo que se nombra Amor es un misterio, es un encuentro (y sabe que para los otros también, aunque no sepan que lo saben) compuesto de ciertas -entre otras- complejidades como la amistad, la ternura, la inteligencia, la elegancia del corazón, una indefinible e inevitable atracción, la belleza, el todo agitado por lo pasional y solo capaz de ser percibido y aceptado por los concernidos. Una vez lo vivió, y durante muchos años. Naturalmente terminó mal. Unos versos de Marechal le alcanzaron un poco de consuelo:

Pues en verdad te digo que enterrar a un amado
es como devolver una guitarra
que nos prestó el Silencio, padre de toda música.

Ahora se siente limpio, si no totalmente, en una buena medida. Porque en el dominio de los absolutos nadie puede dar testimonio creíble, veraz, inteligente. 
Limpio de escorias complacientes, que se interponen entre el sentimiento de los seres. Limpio de mezquindades sentimentales, los ojos desnudos, estoico en su sentimiento, preparado para siempre ya, a lo inesperado, a lo improbable,"a lo inevitable"
A todas las intemperies,
sabiendo que tiene por delante un camino
incierto como la espera.
Lo andará
deseando para ella 
la lluvia fresca del verano
sobre su rostro,
las madrugadas misteriosas,
el rocío en sus pies descalzos,
los buenos sentimientos,
las flores silvestres,
los bellos recuerdos
(las veredas de la infancia),
las locas esperanzas.
Desear
que la belleza la haga llorar,
que la emoción la invada
hasta lo más hondo de su ser
cada vez que mire el cielo estrellado,
o una música sutil, desesperada, o un 
canto nacido del alma se derrame,
generoso, sobre su humanidad.
Desearle
la risa como rumor de arroyito,
la alegría como comienzo de cada jornada.
Desearle que
pueda descifrar lo que le dice el río que corre
o la brisa del atardecer en los árboles, 
o el silencio embrujado del bosque.
Que la asombre la fosforescencia del mar
en las noches sin luna.
Y que no le manque jamás
bondad y ternura,
ni la mirada sin miedo de los niños
y todos los dulces misterios 
que pueblan nuestros sueños
y los de los otros seres humanos.

Es lo que deseó siempre 
para ella,
en esos abrazos
intensos,
brevísimos...