jeudi 21 mai 2015



"Tender it is the night"




"Cuide su corazón"
le pedí hoy...
 
"Me lo robaron"
me contestó...


"Sin corazón no somos"
le dije un día...


Han maltratado
su joven corazón
pensé, pesaroso
mientras marchaba
por calles silenciosas.

La tarde
enrojecía hacia el oeste
y recordé
el luminoso asombro de su rostro
mostrándome
un filo de luna contra el cielo.
Dolorosa ternura
como restos de naufragio
avisa
en la brisa de la noche
que
el corazón no se da,
el corazón no se roba. 

El corazón se comparte.






jueves 21/05/2015, 03h20, elprofe

Abismales


Entonces
tus manos en mis sienes
despertaron mi infancia.
Que otra cosa
le quedaba a mi alma
que asomarme temeroso
al abismo de tus ojos?
Y fue como caer en la noche.
Abismo de silencio. 
Abismo de sueños.
Y allí
brisas antiguas
arreaban nostalgias.
Vislumbres de auroras lejanas
perfumaban mis recuerdos,
y un viento salino
venido del sur
comenzó a aventar
ayeres sufridos y
sus revoloteos miserables.
Desde atrás
de las brumas del dolor
empujó
los golpes infamantes del desprecio,
las traiciones,
los gritos mudos del desamor,
como a barcazas de tedio
que derivan en la noche.

Después
tus labios,
se posaron
al costado de los míos.
Entonces
lágrimas
silenciosas
torrenciales
y  ya no más
desgraciadas soledades
o goteras de rencor
porque vos,  
"...milagrosa
musiquita
de cristal..."









re-publicado el 21/05/2015, elprofe






























mercredi 13 mai 2015

Jacques Prevert, Neuilly-sur-Seine, 1900 - Paris, 1977



París la noche  

Tres fósforos encendidos uno por vez en la noche   
El primero para ver todo tu rostro   
El segundo para ver tus ojos  
El último para ver tu boca  
y la oscuridad entera para recordar todo eso  
estrechándote entre mis brazos

Los adolescentes que se aman

Los adolescentes que se aman se besan de pie  
Contra las puertas de la noche  
Y los pasantes que pasan los muestran con el dedo  
Pero los adolescentes que se aman   
No están para nadie allí
Y es sólo su sombra  
Que tiembla en la noche   
Excitando la rabia de los pasantes  
Su rabia, su desprecio, sus risas y su envidia  
Los adolescentes que se aman no están para nadie allí
Están en otro lugar mucho más lejos que la noche    
Mucho más alto que el día  
En la deslumbrante claridad de su primer amor


 Para realizar el retrato de un pájaro

                                Pintar primero una jaula  
                                  con una puerta abierta  
                                            pintar luego  
                                   alguna cosa hermosa  
                                    alguna cosa simple   
                                     alguna cosa bella  
                                      alguna cosa útil   
                                       para el pájaro  
                   ubicar luego la tela contra un árbol   
                                         en un jardín  
                                        en un bosque   
                          esconderse detrás del árbol   
                                      sin decir nada   
                                      sin moverse...  
                         Aveces el pájaro llega rápido   
               pero puede también tardar largos años   
                                  antes de decidirse   
                                   No desanimarse   
                                           esperar   
                 esperar durante años si es necesario   
         la rapidez o lentitud de la llegada del pájaro   
                           no tiene ninguna relación    
                             con el logro del cuadro   
                            Cuando el pájaro llegue   
                                           si llega   
                     observar el más profundo silencio   
                 esperar que el pájaro entre en la jaula   
                            y cuando haya entrado   
              cerrar dulcemente la puerta con el pincel   
                                                luego  
                   borrar  uno a uno todos los barrotes  
 teniendo cuidado de no tocar ninguna de las plumas del 
                                               pájaro   
                     Realizar después el retrato del árbol   
                           eligiendo la más bella rama   
                                      para el pájaro   
   pintar también el verde follaje y la frescura del viento   
                                     el polvo del sol   
y el ruido de los insectos de la hierba en el calor del verano  
          y luego esperar que el pájaro se decida a cantar   
                                Si el pájaro no canta   
                                       es mala señal   
                         señal que el cuadro es malo   
                        pero si canta es buena señal   
                        señal que usted puede firmar   
           Entonces usted arranca muy dulcemente   
                       una de las plumas del pájaro   
          y escribe su nombre en un ángulo del cuadro.








miércoles 13/05/2015,traducción elprofe




                     


 

mardi 12 mai 2015

"... hemos llegado a puerto...vientos favorables del sector nordeste con leve escora a estribor...buen oleaje..."



Espero que a buen puerto...el pobrecito 
Espero de verdad...se lo merece  
Qué tormenta no ha superado? 
Cuantos aquilones lo arrojaron 
Contra escollos impiadosos  
Evitados a fuerza de tan 
Templado 
Corazón 

Con él va siempre el albatros 
Silencioso compañero
Con las almas de antiguos
Matelotes de tragedia

Cómo guían...
Cómo aman...  
El ojo en vigilia  
Como faro de almas




lunes, 11 de mayo, 2015



dimanche 10 mai 2015

Juan José Morosoli, Minas, Uruguay 1899 - 1957

"Antes que como un escritor rural, es más justo pensar a Morosoli en una constelación -como un estante de una biblioteca personal- integrada por el silencio a lo Beckett, un gusto por los perdedores a lo Robert Walser y la mejor tradición del desasosiego uruguayo, de Onetti a Levrero."

 Hermanos

Montes llegaba a la casa de Justina una vez por mes. Siempre a boca de noche. La casa daba frente a la calle real a la que le hacían costado una veintena más, entre ranchos y viviendas de ladrillo.  
     Se apeaba en los fondos que daban a un sendero que moría en el callejón. No quería que la gante lo viera llegar allí. 
     Justina colmaba todas sus necesidades de hombre, de ser social y hasta de ternura.  
     Los "m'hijo" con que la mujer salpicaba la conversación, le producían un placer extraño. Le ablandaban por dentro. 
     Ella lo decía naturalmente. La expresión le había nacido frente a aquel hombre, sin que ella misma lo hubiera advertido.  
     Era raro que las cosas pasaran así, porque él era un solitario sin parientes -"que si tenía los había perdido y que no precisaba tampoco"- y ella era una mujer de poca prosa y poco amiga de transmitir emociones. 
     Con excepción de Montes, los que llegaban allí lo hacían por las otras mujeres. Venían a beber cerveza y a bailar con la música del viejo gramófono. Cuando llovía, jugaban a la escoba y comían tortas fritas.  
     Justina pasaba a una pieza lindera, dejando la puerta entornada para hacer  presencia y no fastidiar con su frialdad a los demás. No se le conocían amistades ni relaciones. Ni con vecinos ni con parientes. A los hombres, en general, parecía despreciarlos. Esa falta de amistades masculinas le daba a los ojos de las otras, una autoridad que ninguna quebrantaba, convencidas como estaban que los hombres eran buenos solo si se les trataba así, como lo hacía Justina.  
     Estos encuentros de Montes -poco más que un adolescente- con aquella mujer que se acercaba a los cuarenta años, los llenaba de asombro. 

     
Hacía ya como dos años que Montes hacía estas visitas, en las que apenas hablaban a pesar de compartir cena y lecho.  
     Llegaba al anochecer y partía al despertar la mañana. 
     -No se pierda m'hijo- le decía ella al partir.  
     -Pierda cuidao- respondía él.   
     Esa mañana volvió. Hacía buen rato que había partido cuando ella le vio regresar.  
     -Que pasa? 
     -Me olvidé -dijo él-, y le tendió la mano cerrada apretando dinero. 
     -Hágame el gusto -dijo ella-, váyase como vino...Así quedo más contenta. 
     Él obedeció. Taloneó. El caballo arrancó al galope. 
     Seguro él sospechó que ella seguía mirándolo. Sin darse vuelta levantó el rebenque agitándolo en el aire y se estrelló en la luz saltada de golpe salvando los cerros.

     
Aquél día se encontró con una situación imprevista. Cuando golpeó la puerta salió a recibirlo una niña. Justina estaba enferma, pero no bien sintió los golpes ordenó a gritos: 
     -Andá criatura!... Anda!... 

      
     Justina estaba acostada. La niña luego de abrir la puerta entró en la cocinilla y volvió con una taza que entregó a la mujer y allí se quedó mirándose los pies, tratando de salvarse de la presencia del hombre. 
     Era una niña de edad indefinible, delgada, de rostro pálido, menudo y alargado, de ojos grandes, de pelo lacio estirado hacia la nuca y rematado en una trenza fina como de arreador. Se desprendía del rostro una dulzura ya definitiva. 
     Pesaba  el silencio. Era casi insoportable ya, cuando Justina devolvió la taza a la niña.
     -Andate y te quedas no más...
     Apenas salio la niña, Justina empezó a informar a Montes:
     -Tengo que irme al pueblo...No vé que el doctor viene una vez por mes no más?...Fíjese esto ahora...La niña me la mandó la madre...  
     Montes se sentía incapaz de hablar. Lo único que pudo decir, ya con el viaje de regreso en la cabeza, fue esto: 
     -...Es una desgracia mismo.  
     Ella pareció advertir la idea de regresar que apuntaba en Montes. Ordenó: 
     -Cébele mate a Montes m'hija...


      
     Ya había sorbido él dos o tres mates cuando propuso:
     -Porqué no la mandamo a lo del Turco a buscar salchichón y galleta?
     -No quiero que vaya a lo del Turco...Es un perdulario...Capaz de cualquier cosa...
     - Entonces voy yo.

     
     Comía la niña frente a el, que iba cortando el salchichón y el pan, rodaja a rodaja. Lo hacía lentamente, deteniéndose a veces.   
     -Coma no má...Si no come va a ser flaquita toda la vida. 
     El tono de la voz de Montes se había hecho lento y cariñoso. Parecía anegado de una dulzura que lo infantilizaba. Él, que era tan voraz, comía despacio, según observó Justina desde la cama.  
     La luz del farol cayendo desde arriba le daba al cuadro una sencilla naturalidad que hacía feliz a la enferma.

     
La niña se fue a la cocina. Montes se acercó a la cama. 
     -No sabe Montes -preguntó Justina- que sabe leer y escribir como una maestra? 
     -Sabe?  
     -Sabe!...Parece mentira que me hayan entregado una criatura así...Mire que hay cada alma!  
     Montes percibió en la voz de la mujer una tristeza que lo penetró a él también. Dio dos o tres pasos enfrentando la puerta fondera y empezó a liar un cigarro. Le daba fuego cuando sintió los sollozos de la mujer. Lloraba suavemente.


     Se acostó en la cocina, pero no durmió. Gastó tabaco toda la noche. Al amanecer se levantó y se lavó, dejándose caer el agua pecho adentro. Se disponía a sacar el recado acercándolo al caballo para ensillar cuando se abrió la puerta. Justina lo llamó.

      

     -Porqué no se la lleva Montes?...Usté precisa una hermana...Llévela que es una santa...Llévela, sabe leer...Sabe cocinar.  
     Él se había quedado callado, sin poder hablar. Sin poder decirle nada a aquella mujer que hablaba casi llorando, y que lo iba dejando débil, sin fuerza para irse, ni para hacerla callar, ni para hablar él, que ahora estaba pensando en el Turco, y la tristeza de los ojos de la niña, tan flaquita y tan dulce. 
     -Bueno, bueno -dijo-. Callesé, pues...No ve que a lo mejor viene ella y la ve?



      Él iba adelante, firme y solemne. Más atrás la niña, en un petiso que  apenas caminaba. Él se volvía de cuando en cuando y parecía hablarle. 
     Cuando se perdieron campo adentro, Justina comenzó a sollozar. Primero lentamente y luego a corazón desbordado. 
     Era como si una fuente ciega se le hubiera libertado y partido, ya libre para siempre.      
     Después subió al sulky que la llevaba hacia el pueblo.




sábado 09/05/2015



vendredi 8 mai 2015

Tardío pero meditado agradecimiento a Fernando y Mercedes, de Cura Malal



"Premio al mérito,
por cuanto MP,
colaborador/activo
de la entidad",
dice...

Y yo, MP digo
qué premio alcanzarles
a Fer y a Mercedes
moradores
tiernos anfitriones
de un territorio donde
es posible ver en
mañanas claras, cómo
se juntan el Cielo y
la Tierra allí,
al fondo de la llanura..?
O en amaneceres  de espesa,
cerrada niebla,
adivinar sombras
rumores
gritos callados
de malones desesperados..?
Tierra de domadores, jinetes, cantores
aire habitado de
bordoneos,
de milongas y payadas en el horizonte.
Todo trenzado
con finos cueros que gritan
mudos
para no molestar
a los cantores que dan su voz
a ese silencio...
("Cordajes que yo daba por muertos
   resucitados: recobran en mi mano
   el peligroso desvelo de la música")

"...extendiéndole este hueso representativo
de estas tierras..."
 
me dicen
les digo,
hueso
ya límpido
seco
humilde,
ya grandioso
de historia futura,
enhuellado por los aires
lluvias
veranos incandescentes
inviernos de crudas heladas
y otros trabajos del Cosmos.

Hueso, huesito que me amarra
a esta Tierra,
como Mercedes se amarra a la suya
soldando fierritos como partículas
que serán después
átomos indestructibles y
misteriosos
del Universo

Hueso, huesito que viajará
a la tierra que habito
lejana
extranjera
dura de adopciones.
Seremos dos a estar
solos de estos vientos
solos de relinchos
o del canto de la torcaza
solo de "sirenas y endriagos..."
y por eso solidarios
en la oscura pena de adentro.

Hueso, huesito
símbolo
como el que usa Fer en
sus trabajos sus días,
la estampilla o sello postal
que hace viajar pero
lo ancla a ésta tierra.

Hueso, huesito agradezcamos
a Mercedes
a Fernando que me recibieron,
al Tata que me llevó
con el que goteamos notas
bajo Las Chapas y que te trajo a mí,
a Antonia por su entusiasmo contagioso,
a la niña Azul por serlo,
porque compartimos
los Universos que vislumbré
en unas gotitas de lluvia
colgadas
de un cactus
en la  entrada
de La Tranca.

Con mi abrazo fraterno,
MP


jueves 07/05/2015, elprofe







dimanche 26 avril 2015


Amor
otra vez atacaste.
Artero  
impiadoso
traicionero...
Una vez
me hirió tu envestida.
Cerró la herida
pero dejó su marca
terrible, silencioso grito. 
Después supe de tus disfraces,
múltiples artificios...
Eludí tus anzuelos
-fogosidades, languideces juveniles
o crepusculares-
pasé entre ellos.
Te recordé con temor.
Por esquivarte   pacté,
concedí
pasajeras melancolías
o bellezas evitables.
Y para calmarte fui duro,
ejercí ternuras, bondades previsibles.
Acepté novedades,
algún brilloso cotillón.
Fui prudente.
Por no tentarte,
mi tristeza, mi hastío,  mi indiferencia.
Vigilabas,
pero mi corazón seco como hojarascas de invierno.
Espiabas,
aunque yo, ciego de hermosuras,
mudo de decires o cantares.
Veías 
que inmune a la primavera
y sus perfumes,
que inhibido de placeres...
Te creí saciado de mi, 
de mi amargura.
Me creí olvidado de tus trabajos.
Pero un día
descubriste en una partícula
de un átomo
de mi corazón estragado 
-única sobreviviente
del último naufragio-
un latido tenue
pequeño
escondido
persistente...
Fue suficiente.
Te moviste sutil, efectivo,
ágil.
Encontraste lo justo,
necesario.
Un reflejo,
una mirada escondida,
un instante en la tarde...
Casi con displicencia arrojaste
tu dardo invisible,
secreto,
silencioso.
Te fuiste seguro de vos,
de tu crimen, de mi desastre,
mi endeblez,
desnudo de defensas,
desguarnecido,
desamparado.
Ah!
Otra vez el desasosiego
el ansia
desesperes
desdormires
tristes atardeceres 
noches muertas.
Tu veneno
Amor
que no mata
pero duele
hiere
pero cura
incita
pero ridiculiza
abuena
pero castiga
ilumina
pero ciega.
Otra vez la espera
un signo
una mirada
un gesto.
Lágrimas secas.
Inviernos grises,
lloviznas de melancolía,
soledades.
"Déjame en paz, Amor tirano, déjame en paz..."  



 Sábado 25/04/2015, elprofe